viernes, 23 de enero de 2015

Hasta siempre...

Vuelvo a hacer confidencias al viento dedicando esta entrada a una persona con la que sólo he podido compartir vivencias durante poco más de tres años, pero a la que nunca podré olvidar y a quien le tengo cosas muy importantes que agradecer.

Estas líneas son mi particular y emocionado recuerdo, mi homenaje a tí, Joaquín, una persona singular, muy poco convencional, testarudo (que todo hay que decirlo), pero sobre todo una persona que debería ser ejemplo por su honestidad, su coherencia y el cariño que siempre demostró hacia su gente.

Confieso que me está siendo difícil escribir estas palabras. En sólo tres años muchos son los recuerdos que se me agolpan en la mente, clara muestra de la fuerza moral y el magnetismo que desprendías. Por otra parte, tampoco quiero caer en el elogio fácil, nunca me ha gustado porque siempre me ha parecido estúpido que porque alguien se muera pase a considerársele el ser más maravilloso e inmaculado de la Tierra, nunca he creído en ello, como tú tampoco lo hacías. A la gente hay que recordarla como era, con sus cosas buenas, sus cosas regulares y sus cosas malas, que todos las tenemos.

Como decía, muchos son los recuerdos que se agolpan en mi cabeza en estas pocas horas que han transcurrido desde tu fallecimiento. Curiosamente los que más reiteradamente me vienen a la mente son la primera y la última vez que te vi y tuve la oportunidad de hablar contigo, quizá porque los dos tienen relación con la persona que nos unía y a la que los dos queremos con locura.

Recuerdo como si fuera hoy nuestro primer encuentro en la calle Santiago, cuando todo era incipiente. Siempre te estaré agradecido por tu cercanía, por lo fácil que me lo hiciste, por tu voto de confianza hacia la decisión que había tomado tu hija, esa persona cuya sola mención te provocaba una sonrisa. Precisamente mi última imagen tuya será siempre esa, la sonrisa que esbozaste cuando me despedía la última tarde que tuve oportunidad de verte y hablar contigo, cómo a pesar de los rigores de tu enfermedad sonreíste cuando te pregunté si querías que le dijera algo de tu parte a tu chiquitina, la simple mención de tu “Yayita” te generó una sonrisa mezcla de orgullo y del amor inmenso que sentías hacia la que hoy es, junto a mis padres, la persona más importante de mi vida.

Sé que me considerabas muy conservador, que seguramente te hubiera gustado que fuera más parecido a ti. Soy consciente que nuestras miradas de presente y futuro sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir convergían pocas veces y se distanciaban en la mayoría, reconozco que siempre me pareciste demasiado utópico y que muchas veces tuve la sensación de que te faltaba poner un poco los pies en la tierra, sin embargo, como decía al principio, creo que eres todo un ejemplo porque, al contrario que mucha otra gente, tú eras honesto y coherente con tus ideales y luchabas por intentar convertirlos en realidad, hiciste todas aquellas cosas que creías que estaban en tu mano para intentar tener una sociedad mejor, o al menos el tipo de sociedad que tú considerabas que era más justa, no eras una persona sólo de discurso sino también de obra y créeme, en no pocas ocasiones lamenté tener razón y que la realidad de los hechos se impusiera a la retórica de las palabras, a la esperanza de cambio, y la dinámica de esta sociedad falsa, hipócrita y aburguesada te ganara la partida a través de la desilusión. Tengo muy claro que una sociedad con más gente como tú sería una sociedad mejor.

Ayer miraba tu sofá y el sitio en el que te sentabas y me parecía mentira no verte haciendo sudokus ni estar con el ordenador jugando al solitario, ya tampoco me podrás corregir diciendo aquello tan tuyo de “ese no es el concepto…”, pero te puedo asegurar que aunque físicamente ya no podremos disfrutar más de tu presencia, tu recuerdo siempre estará presente en mi memoria, serás un referente y si alguna vez tengo hijos, les contaré que tuve la inmensa suerte de conocer a su abuelo, un señor grandote con barba de Papá Noel y sombrero, que se granjeaba el respeto y el cariño de todos los que le conocían.

Ahora llegarán momentos duros, días de lágrimas de lamento por tu ausencia y de sonrisas recordando los buenos momentos vividos junto a tí, mañanas de añoranza y noches en vela dándole vueltas a lo injusta que es esta puta vida. Son sensaciones imposibles de evitar, aunque con el paso del tiempo nos iremos tranquilizando y el desasosiego tornará en costumbre y la fuerza del día a día nos llevará irremediablemente a seguir con nuestras vidas, como tú hubieras querido, tratando de ser lo más felices posible y celebrando los buenos momentos que lleguen con un brindis en tu memoria.

No me quiero alargar más, simplemente me quiero despedir de ti con las promesas de que querré y cuidaré de tu chiquitina lo mejor que pueda y sepa, que cada vez que visitemos esa Asturias que tanto te gustaba beberemos unos culines en tu memoria, y que si alguna vez me puedo comprar una casita allí, se llamará “Casa Joaquín” en homenaje a tí.


Querido Joaquín, como hice tantas veces, no te digo adios sino "hasta luego, ya nos vemos…".

miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando la justicia es verdaderamente ciega

Hacía ya mucho tiempo que no actualizaba el blog, pero la última sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo anulando la “Doctrina Parot” es algo que no quiero pasar por alto.  Aunque nadie lea estas líneas necesito sacar fuera el asco, la rabia, la indignación y la falta de confianza en la justicia que sentencias como esta me producen.
Tradicionalmente se ha representado a la justicia como una mujer con una venda en los ojos en señal de objetividad, de tratar a todos por igual, pero en esta ocasión creo que esa venda más bien debería representar ceguera, una ceguera que además debe ir unida a sordera y a una carencia total de escrúpulos, de posicionamiento global y de empatía con las víctimas y sus familias.
La justicia debe tener como concepto principal la equidad y la proporcionalidad y para ello no puede ni debe atenerse exclusivamente a lo escrito en una ley o en un principio jurídico, la justicia para que de verdad lo sea, debe estudiar los casos, las problemáticas, debe prever las consecuencias y ver y escuchar a las víctimas.  No puede ser que se tengan en cuenta solamente los derechos de los condenados, también hay que velar y respetar los derechos de las víctimas, de sus familias y de la sociedad en su conjunto.
Vaya por delante que reconozco que estoy a favor  del cumplimiento íntegro de las penas, sobre todo cuando los delincuentes no se arrepienten de sus actos y además es muy posible que cuando estén libres vuelvan a reincidir, sólo podría estar a favor de una reducción de penas cuando el delincuente en cuestión esté claramente arrepentido, no suponga un peligro para la sociedad y desde luego, cuando entre sus delitos no haya ninguno de sangre.
Desgraciadamente, el periodo máximo de estancia en prisión en España es de 30 años, periodo que se me antoja corto para determinados delitos, aun así, si eso está así legislado y mientras no se cambie, habrá que acatarlo, pero lo que no es entendible desde ningún punto de vista salvo el de los delincuentes y quienes los apoyan, es que las reducciones de condena se hagan sobre esos 30 años y no sobre el total de las condenas.  La “Doctrina Parot” venía más o menos a decir exactamente eso, que si había varias condenas, las reducciones se harían sobre el total de ellas, no sobre el periodo máximo de estancia en prisión, con lo que, efectivamente, el periodo máximo sería de 30 años y no de muchos menos como va a suceder ahora.
Tras la vomitiva sentencia del tribunal europeo, muchos terroristas y asesinos en serie van a quedar en la calle, terroristas y asesinos que no están arrepentidos de lo que cometieron y que en algunos casos, sino en la mayoría, volverán a repetir sus abominables actuaciones.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha velado por los derechos de los delincuentes pero, ¿ha reflexionado sobre los derechos de las víctimas?, ¿ha pensado por algún momento en que estarán sintiendo los familiares de las personas asesinadas?, ¿los muertos no tienen derecho, tampoco los tenían antes de ser asesinados?, ¿es igual matar a una persona por un accidente o incluso en un arrebato que matar a decenas de forma premeditada?.
El mayor foco de atención se ha situado sobre los terroristas de ETA, fanáticos que nos les importó poner una bomba al paso de un autocar o en una casa-cuartel de la Guardia Civil, o en un gran supermercado como hipercor, asesinando a civiles, militares, adultos o niños, lo que fuera, daba igual, el caso era matar el mayor número de gente para tratar de intimidar a la sociedad civil para que cediera a sus fines.  Que ahora muchos de esos asesinos, condenados a cientos o miles de años de cárcel puedan quedar libres tras haber cumplido una ínfima parte de su condena es una burla, un ultraje a la memoria de los fallecidos, mutilados y víctimas en general de sus fechorías.
Además, también quedarán libres otros desalmados como los violadores o asesinos múltiples.  Me vienen a la cabeza tres significativos pero habrá más.  Hijos de puta como Miguel Ricart, condenado por el rapto, violación, tortura bestial y posterior asesinato de las conocidas como las “niñas de Alcasser”; Pedro Luis Gallego, conocido como “el violador del ascensor”, raptó, violó y mató a una joven en Burgos y a otra en Viana de Cega (Valladolid); o Juan Manuel Valentín Tejero, quien durante un permiso carcelario, y quiero recalcar lo del permiso carcelario, también raptó, violó, mató de forma terrible y enterró en un pinar a la niña de 9 años Olga Sangrador en el municipio vallisoletano de Villalón de Campos, son sólo tres ejemplos de alimañas que quedarán en libertad tras la revocación de la doctrina parot, pero creo que pueden ser significativos de lo erróneo de la decisión ahora tomada y del peligro que supone.
Con todo, lo peor espero que sea la sensación de rabia que a muchos nos produce este hecho y no tengamos que lamentar cosas mayores.
Como decía antes, la mayoría sino todos de estos elementos no se han arrepentido de sus crímenes y no habría que extrañarse que una vez en la calle volvieran a las andadas, de hecho algunos terroristas y Juan Manuel Valentín Tejero ya han reincidido tras un paso por prisión, incluso este último asesinó a Olga Sangrador estando de permiso mientras cumplía condena.
¿Qué sucederá si ETA, aprovechándose de todos los terroristas liberados, se vuelve a hacer fuerte y vuelve a asesinar?, ¿y si alguno de los violadores, que ya han sido reincidentes anteriormente, vuelven a violar y asesinar a alguna niña o mujer?, ¿quién asumirá la responsabilidad sobre ello?, y sobre todo, ¿cómo le explicamos a las familias de las víctimas que alguien que debería estar entre rejas ha sido liberado en pro de sus derechos humanos?, aun más, ¿porqué coño le tenemos que conceder unos derechos a quienes no se les han respetado a los demás?.
Habrá quien me diga que la pena de prisión debe estar orientada a la reinserción y no al castigo, quien argumente que la democracia se sustenta en aplicar la ley de forma estricta a todo el mundo por igual independientemente de las atrocidades que haya cometido, pues bien, que se lo expliquen a las víctimas y sus familias, que les den razones para convencerles que los verdugos tienen unos derechos que las víctimas no tuvieron.
Se que lo guay, lo políticamente correcto sería decir que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad y que si utilizamos la cárcel como un castigo nos estamos poniendo a su altura, pues bien, me importa un rábano ser políticamente incorrecto o que se me acuse de lo que sea, pero yo aspiro a vivir en una sociedad segura, y si para ello hay que meter a algunos hijos de puta en la cárcel y tirar la llave por mí perfecto, demasiado que permitimos que sigan viviendo algunos seres que han demostrado que más que como personas se comportan como animales.

martes, 16 de abril de 2013

Mi primera expo

Hacía mucho tiempo que no escribía nada por aquí. He estado tentado de hacerlo varias veces, pero al final por unas causas u otras no lo he hecho desde hace más de un año.


Hoy vuelvo a hacer confidencias al viento con motivo de mi primera participación en una exposición de fotografía.

De siempre me ha gustado la fotografía, desde los tiempos en que me regalaron una cámara compacta "Konica", todavía de carrete, me gustaba fotografiar buscando ángulos, perspectivas, sombras, reflejos, todo aquello que me llamara la atención y que se saliera del encuadre típico, si bien, ante un paisaje, un monumento, algún detalle conocido y que hayamos visto muchas veces en publicaciones, prensa o televisión, tampoco uno se puede sustraer al intento de imitar esa foto que has visto de forma reiterada y que siempre has pensado "me gustaría hacer una foto así".

Guiado por la afición a la fotografía y por el afan de mejorar, pasé de la cámara de película a una cámara digital compacta, y casi sin solución de continuidad a mi primera y por el momento única reflex, una Nikon D3000 que me está permitiendo adentrarme en este fascinante universo de la fotografía, de tratar de inmortalizar detalles, momentos, situaciones, y sobre todo, de ir aprendiendo sobre este complejo mundo.

Desgraciadamente, dispongo de muy poco tiempo para dedicarme más en profundidad a ello y mi cámara, si bien permite hacer muchas cosas y sobre todo aprender, en determinadas situaciones de falta de luz, sobre todo si va asociada a movimientos, se queda corta y resulta un poco frustrante, por lo demás, poquito a poco uno va aprendiendo, se va fijando y escuchando a los que saben más y trata de dar pasitos tratando de mejorar día a día.

Empujado por las ganas de aprender me registré en la página de fotografía "Flickr", y dentro de ella entré a formar parte de algunos grupos.  Uno de ellos, el de "Fotógrafos de Valladolid", me ha dado la oportunidad de participar en mi primera exposición.

Tengo que reconocer que el hecho de participar en una expo al lado de gente con más experiéncia, que saben mucho más que yo y que además cuentan con mejores equipos, me producía cierta vergüenza y cierto miedo de no estar a la altura, aun así me lancé a la piscina y decidí que la mejor manera de seguir aprendiendo y mejorando era formar parte de esta exposición y escuchar las críticas.

La exposición lleva como título "Valla... fotografía" y jugando con los nombres Valladolid y fotografía, pretendía reflejar monumentos y situaciones de nuestra ciudad, Valladolid.

Para ello elegí dos monumentos muy fotografiados pero traté de hacerlo de una forma menos vista.  Se trata de la ventana plateresca construida en el Palacio de los Pimentel, palacio donde nació Felipe II en 1527 y actual sede de la Diputación de Valladolid, y reflejada en ella, parte de la fachada gótica de la Iglesia Conventual de San Pablo.

Estoy seguro que se podían haber hecho fotos mejores, mi primer y más duro crítico soy yo, pero también reconozco que estoy moderadamente satisfecho con el resultado, creo que sin ser ni mucho menos una foto sobresaliente, al menos si puedo decir que tiene un nivel digno.

En la esperanza de poder seguir aprendiendo y mejorando, os dejo con la foto en cuestión, primero en formato original y después tal y como está expuesta, espero que os guste y se aceptan críticas... constructivas.


miércoles, 15 de febrero de 2012

14 de febrero, San Valentín

Ayer, 14 de febrero, fue San Valentín, patrón de los enamorados.

Siempre he pensado que conmemoraciones como la de San Valentín, o el día del padre o de la madre, se han convertido en la excusa perfecta para que esta sociedad consumista en la que vivimos tenga un motivo más para gastar dinero, y que de esta forma las tiendas y grandes almacenes hagan su agosto a base de regalos, la mayoría de las veces prescindibles, que todos regalamos o hemos regalado alguna vez.

Nunca he sido muy proclive a estas celebraciones ya que soy de la opinión de que el amor, como el cariño y el respeto hacia los demás, ya sea tu pareja, tu padre, tu madre, etc., se deben demostrar en el día a día y no en una fecha en concreto porque lo marque el calendario o la presión social, de todas formas, aunque suene incoherente, tampoco voy a negar que casi siempre he sucumbido a estos fastos, más por la ilusión de ver feliz a la otra persona que por convencimiento propio.

Dicho lo anterior, y como quiera que este blog cumple con la función terapéutica de dar salida a las cavilaciones, reflexiones, filias y fobias que de otra manera se quedarían martilleando mi subconsciente, aprovecho para reconocer que el de ayer fue un San Valentín especial, y es que, siguiendo con mis “confidencias al viento”, hoy quiero confesar que estoy enamorado.

En una entrada anterior reflexionaba sobre el amor, sobre la fortaleza de un sentimiento que es capaz como nada en este mundo de dar y de quitar, de hacerte sentir casi omnipotente cuando te sientes amado, o de desesperarte cuando no te sientes correspondido, y de cómo aun en el peor de los casos, siempre es mejor sentir el dolor de un abandono, porque ello quiere decir que alguna vez te amaron, que el inmenso vacío de nunca haberse sentido querido.

Afortunadamente tengo que reconocer que actualmente me encuentro en la fase de enamoramiento pleno, en ese momento idílico en que todo es precioso, el amor fluye y se percibe a cada instante, en cualquier detalle, y por eso no quiero dejar escapar la oportunidad de dedicarte esta entrada.

Ayer disfrutamos de un San Valentín especial, me encantaron los detalles románticos y como compartimos el día, la tarde estuvo repleta de instantes, de momentos dignos de haber sido fotografiados para guardarles para siempre en nuestro particular álbum de recuerdos, aunque tampoco hace falta, estoy seguro de que permanecerán inmortales en mi corazón para siempre, pero tampoco quiero ser injusto, ensalzar el día de ayer y no valorar el comportamiento diario sería faltar al sentido de la equidad y no ponderar suficientemente el día a día, y es que, si ayer fue un bonito día, el resto de cada uno de los días en este tiempo que llevamos juntos no se quedan atrás, y es que aunque suene pretencioso, podría decir que vivo en un permanente 14 de febrero que espero y deseo permanezca inalterable durante muchos, muchos años.

Además de dedicarte esta entrada, también quiero aprovechar para darte las gracias.

Te tengo que dar las gracias por muchas cosas, por tus sonrisas, que iluminan mi vida como si el sol naciera en cada una de ellas, por tus miradas, que detienen el tiempo y hacen que cada instante sea un momento a recordar, por tus besos, que endulzan los días y borran los sinsabores cotidianos, por tus caricias, que infunden energía y calor en los momentos en que los rigores climatológicos y los avatares diarios pretenden inducirme a sucumbir al frío y el desánimo, en resumen, gracias por estar ahí, por dar sentido a mi vida, por ser el apoyo en los momentos difíciles y la luz guía en los momentos alegres, una y mil veces, gracias.

Feliz San Valentín, con la esperanza de que sea eterno.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Décimo aniversario de la sinrazón


Hoy se cumplen diez años del día en que, perplejos, asistimos sin saberlo a un hecho tan aberrante como crucial en la historia, y es que después de aquel 11 de septiembre de 2001 nada ha vuelto a ser como antes.

Recuerdo perfectamente aquel día, había llegado de trabajar y estaba comiendo con mis padres, curiosamente, en lugar de hacerlo en el comedor como es habitual, estábamos comiendo en la cocina escuchando el programa de deportes local cuando de repente interrumpieron la emisión y conectaron con los estudios centrales en Madrid, “al parecer ha habido un accidente aéreo en Nueva York y un avión se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas”, inmediatamente fui al salón, puse la tele y pude ver como una gran humareda salía de una de las torres, ¡¡¡menuda mala suerte!!!, ¿cómo un avión se puede chocar contra un edificio en el centro de Nueva York?, pobre gente...

Lo vi durante unos minutos y cuando me disponía a volver a la cocina para terminar de comer, otro avión se estrella contra la otra torre, enseguida pensé que esto ya era demasiada casualidad, obviamente dos accidentes en el mismo día era impensable, todo tenía pinta de que era un atentado, pero, ¿de quién?, ¿porqué?, ¿para qué?, las preguntas se amontonaban..., y los temores también.  Para colmo, otro avión se estrelló contra el Pentágono y uno más cae en un área despoblada, se supone que derribado por los propios pasajeros y tripulantes que se habrían enfrentado a los secuestradores.

Todo era confuso y uno tenía la sensación de estar viviendo un hecho histórico, algo así como la caída del muro de Berlín, uno de esos momentos que cambian el mundo, pero este de forma mucho más traumática y de unas consecuencias imprevisibles, recuerdo que llegué a pensar en que podría desembocar incluso en la tercera guerra mundial.

Para terminar con el dramatismo se empieza a ver como la gente atrapada en las torres se lanza al vacío por las ventanas, de repente, una de las torres cede y se derrumba, la estupefacción es inmensa, y además, pasados unos minutos cae la otra, el balance, casi tres mil muertos y casi seis mil heridos, creo recordar que ya no volví a terminar de comer, aunque las imágenes se repetían una y otra vez no podía despegarme de la tele, era algo que te hacía permanecer pegado a la pantalla, estábamos en fiestas, y a medida que avanzaba el día, la gente seguía pendiente de las televisiones y las radios, era un día caluroso y la gente caminaba por las calles absorta, pendiente de cualquier noticia que pudiera obtener, y así hasta bien avanzada la madrugada.

Los terroristas, de los que se empezaba a barajar su posible origen islámico, habían atentado con éxito contra todo aquello que simbolizaba el primer mundo, el mundo “infiel”, y lo habían hecho en el corazón del país más poderoso, golpeando estratégicamente contra las Torres Gemelas, símbolo del poder civil y financiero, y contra el Ministerio de Defensa americano, el Pentágono, la sede del ejército más poderoso de la tierra, estaba claro que esto iba a tener consecuencias, pero cuales, de que tipo..., EE.UU. había quedado conmocionado y el resto del mundo mirábamos atónitos, con una mezcla de expectación, desconcierto y miedo nunca sentidos hasta entonces.

A partir de ese día, nombres como Al-Qaeda o Bin Laden se hicieron familiares, y los atentados sufridos fueron la excusa para atacar Afganistán, y sobre todo, recortar un sinfín de derechos y libertades bajo la excusa de la seguridad.

La versión oficial acabó siendo que unos terroristas suicidas pertenecientes a la organización terrorista islámica Al-Qaeda, habían secuestrado unos aviones civiles de línea regular con el objetivo de poder atacar a los EE. UU.

Seguramente eso sea verdad, todos conocemos el fanatismo del extremismo islámico, empeñado en convertir al islam a los “infieles”, por la palabra o por la espada, y si hace falta, acabar con ellos, además, por si fuera poco, el exacerbado odio hacia los Estados Unidos de un personaje oscuro como Bin Laden, a quien curiosamente los propios americanos habían formado y reforzado para que atacara en forma de guerrilla a las fuerzas soviéticas cuando estas controlaban Afganistán,  era desmesurado. 

Estaba claro quien y porqué había ideado estos atentados, pero como no todo es explícito como un libro abierto, surgen algunas preguntas para las que quizá nunca tengamos respuesta, ¿cómo puede ser que se puedan preparar durante meses unos atentados de esta envergadura, en pleno corazón de los EE. UU. y los servicios secretos no se enteren de nada?, ¿acaso lo sabían y lo ocultaron para tener otro Pearl Harbor que fuera la excusa perfecta para plantear la guerra a Afganistan y demás países de Oriente Medio y Oriente Próximo?, ¿por qué en estos diez años todavía no se ha juzgado a nadie por estos hechos?, ¿quién ha salido realmente beneficiado de todos estos hechos?.

Demasiadas dudas que nos hacen plantearnos si detrás de la versión oficial no hay algo más de lo que nunca nos enteraremos.


Sea como fuere, esperemos que nunca más se repitan hechos deleznables como estos, que el fanatismo, político o religioso, no sirva más de excusa para provocar la muerte sin sentido de tantas personas.

lunes, 15 de agosto de 2011

Los puentes de Madison

Acabo de ver “Los puentes de Madison”, la película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, y aunque ya es una película con algunos años, curiosamente todavía no la había visto hasta hoy.

No se si es porque últimamente me encuentro en una etapa muy melancólica, o si es porque como buen Cáncer todavía sufro los efectos de la luna llena, pero el caso es que me ha hecho pensar.

En la película, Clint Eastwood interpreta a un fotógrafo ya mayor, viajado y con miles de experiencias a sus espaldas, que sin embargo encuentra en una granja perdida de Madison a una mujer de la que se enamora intensamente en apenas cuatro días, lo que viven es tan fuerte que aunque los condicionantes familiares de ella impiden que la historia entre los dos continúe, no se olvidarán nunca y el recuerdo mutuo les acompañará hasta el final de sus días.

Es curioso como a veces, en el sitio más insospechado y en el momento más imprevisto, alguien nos llega al corazón como muy poca gente, por no decir nadie, nos ha llegado jamás, y como unos pocos contactos efímeros pueden hacer que esa persona se quede marcada a fuego en nuestro alma para siempre.

El amor es un sentimiento etéreo, demasiado vaporoso, que se escapa a nuestro control,  nos pasamos la vida buscándolo pero no sabemos si algún día llegará o no, y si lo hace, desgraciadamente a veces no nos damos cuenta, otras veces no somos correspondidos, y en otras ocasiones los condicionantes externos juegan en nuestra contra.

El caso es que nada en este mundo como el enamoramiento puede a la vez acelerarnos tanto o pararnos el pulso, y nada en este mundo permanece tan fijamente anclado en nuestra memoria y en nuestro corazón como el recuerdo de los amores que pudieron ser y no fueron, y de los que siempre quedará la dolorosa duda de lo que podrían haber sido.

Uno, por propia y dolorosa experiencia, puede asegurar que es mucho mejor intentar vivir un amor por complicado que sea que poner excusas y quedarse con la duda de qué hubiera pasado, tengo claro que nos podemos curar de las heridas, incluso por más profundas que sean, pero lo que no deja nunca de aprisionarte el corazón es la duda, porque siempre deja un poso de injusto sentimiento de culpabilidad y de zozobra que es imposible quitar.

Dicen que la fe mueve montañas, cierto, pero aún hay algo más fuerte que la fe, es el amor.  El amor es el verdadero motor de nuestra existencia, es lo que nos hace sentirnos vivos, no hay felicidad mayor que sentirse amado por la persona que quieres, e incluso en el peor de los casos, el doloroso recuerdo de un rechazo te recuerda que tu corazón sigue latiendo, si no hay amor, ni siquiera el recuerdo de haberlo vivido, te conviertes en un ser inerte, sin alma, sin sentido.

Creo que mucho mejor que yo lo expresa Antonio Machado en dos estrofas de su poema “Yo voy soñando caminos” cuando dice:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón
.

[...]

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada
.

Así pues, creo que el mensaje de la película queda meridianamente claro, no hay nada tan fuerte como el amor, y de seguir sus dictados o de no seguirlos, aunque esto último sea por los motivos más justificados que se nos puedan ocurrir, depende nuestra felicidad.

Seamos felices, sigamos los designios de nuestro corazón.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Por ti, para ti

Tras el nacimiento ayer de este blog con una entrada a modo de presentación y de declaración de intenciones, hoy es el momento de hacer la primera intervención “en serio”, y como no podía ser de otra manera, esta primera confidencia al viento quiero que esté dedicada a ti.

Es muy probable que tú nunca llegues a saber que estas líneas existen, y por tanto que las leas, pero aún así, quiero que seas la protagonista de este primer texto.

Apareciste en mi vida de repente y desde el primer momento me fijé en ti, tenías algo especial, algo que te hacía diferente a las demás, desgraciadamente eras un fruto prohibido así que durante mucho tiempo tuve que guardar lo que sentía en el fondo del corazón, en ese rinconcito donde los sentimientos invernan, quizá para siempre, quizá como en este caso hasta que surge la oportunidad de mostrarlos.  El caso es que contra todo pronóstico la oportunidad se dio y decidí que no la iba a dejar pasar, el resto ya lo sabes, los gestos, las miradas, las caricias, los besos, y sobre todo, la complicidad. 

Ahora, separados por la distancia te extraño, te añoro, te echo de menos, en una palabra, te necesito, necesito volver a acariciarte el pelo, necesito volver a besarte y que me vuelvas a besar, necesito volver a abrazarte y que me vuelvas a abrazar, necesito volver a sentir esa mirada tuya entre pícara y cómplice, me atormento pensando en qué pasará, vivo pendiente de internet, del móvil, de cualquier cosa que me pueda dar noticias tuyas, mientras, el silencio se hace eterno, las horas pasan lentamente y me siento como un autómata, mis actos se rigen por los horarios, por las obligaciones, ya nada se rige por el corazón porque se quedó a tu lado, y tengo miedo, miedo a que todo se quede en un espejismo, a que todo se reduzca a un sueño convertido en efímera realidad, miedo a que el amargo recuerdo de un pasado reciente te impida dejar paso a la esperanza en un futuro ilusionante, miedo en definitiva a que no me des la oportunidad de luchar por hacerte feliz, por darte esa compañía, ese cariño, esas atenciones, ese amor que un día me contabas apesadumbrada que no te habían sabido dar y que yo me muero de ganas por entregarte.

No se lo que nos deparará el futuro, no se si alguna vez tendremos la oportunidad de ser felices juntos, no se si serás presente y futuro o todo quedará en un bonito recuerdo, pero lo que sí se, lo que tengo clarísimo es que el corazón no se equivoca, y el mío hoy está gritando a los cuatro vientos que te quiero.

martes, 9 de agosto de 2011

Comenzamos

Comenzamos hoy, 9 de agosto de 2011, la andadura de este blog.

Hacía ya tiempo que venía manejando la idea de crear un blog, pero por unas causas o por otras, sobre todo por timidez, había ido aplazando el momento, cuando no desechándolo directamente.

La verdad es que no pretendo nada del otro mundo, ni siquiera se si alguien lo leerá y, en su caso, lo que opinará de lo que aquí escribiré. Creo más bien que en realidad sólo aspiro a que se constituya en una válvula de escape, la recreación moderna y virtual de ese "amigo imaginario" que todos hemos tenido de pequeños y a quien le contábamos nuestras cosas, nuestras decepciones, nuestras alegrías, nuestos miedos, nuestras ilusiones, o simplemente, que sea el sitio en el que poder proyectar mis pensamientos, mi particular visión de la actualidad, de mi mundo y del mundo, que sea ese lugar desde el que poder hacer confidencias al viento.