miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando la justicia es verdaderamente ciega

Hacía ya mucho tiempo que no actualizaba el blog, pero la última sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo anulando la “Doctrina Parot” es algo que no quiero pasar por alto.  Aunque nadie lea estas líneas necesito sacar fuera el asco, la rabia, la indignación y la falta de confianza en la justicia que sentencias como esta me producen.
Tradicionalmente se ha representado a la justicia como una mujer con una venda en los ojos en señal de objetividad, de tratar a todos por igual, pero en esta ocasión creo que esa venda más bien debería representar ceguera, una ceguera que además debe ir unida a sordera y a una carencia total de escrúpulos, de posicionamiento global y de empatía con las víctimas y sus familias.
La justicia debe tener como concepto principal la equidad y la proporcionalidad y para ello no puede ni debe atenerse exclusivamente a lo escrito en una ley o en un principio jurídico, la justicia para que de verdad lo sea, debe estudiar los casos, las problemáticas, debe prever las consecuencias y ver y escuchar a las víctimas.  No puede ser que se tengan en cuenta solamente los derechos de los condenados, también hay que velar y respetar los derechos de las víctimas, de sus familias y de la sociedad en su conjunto.
Vaya por delante que reconozco que estoy a favor  del cumplimiento íntegro de las penas, sobre todo cuando los delincuentes no se arrepienten de sus actos y además es muy posible que cuando estén libres vuelvan a reincidir, sólo podría estar a favor de una reducción de penas cuando el delincuente en cuestión esté claramente arrepentido, no suponga un peligro para la sociedad y desde luego, cuando entre sus delitos no haya ninguno de sangre.
Desgraciadamente, el periodo máximo de estancia en prisión en España es de 30 años, periodo que se me antoja corto para determinados delitos, aun así, si eso está así legislado y mientras no se cambie, habrá que acatarlo, pero lo que no es entendible desde ningún punto de vista salvo el de los delincuentes y quienes los apoyan, es que las reducciones de condena se hagan sobre esos 30 años y no sobre el total de las condenas.  La “Doctrina Parot” venía más o menos a decir exactamente eso, que si había varias condenas, las reducciones se harían sobre el total de ellas, no sobre el periodo máximo de estancia en prisión, con lo que, efectivamente, el periodo máximo sería de 30 años y no de muchos menos como va a suceder ahora.
Tras la vomitiva sentencia del tribunal europeo, muchos terroristas y asesinos en serie van a quedar en la calle, terroristas y asesinos que no están arrepentidos de lo que cometieron y que en algunos casos, sino en la mayoría, volverán a repetir sus abominables actuaciones.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha velado por los derechos de los delincuentes pero, ¿ha reflexionado sobre los derechos de las víctimas?, ¿ha pensado por algún momento en que estarán sintiendo los familiares de las personas asesinadas?, ¿los muertos no tienen derecho, tampoco los tenían antes de ser asesinados?, ¿es igual matar a una persona por un accidente o incluso en un arrebato que matar a decenas de forma premeditada?.
El mayor foco de atención se ha situado sobre los terroristas de ETA, fanáticos que nos les importó poner una bomba al paso de un autocar o en una casa-cuartel de la Guardia Civil, o en un gran supermercado como hipercor, asesinando a civiles, militares, adultos o niños, lo que fuera, daba igual, el caso era matar el mayor número de gente para tratar de intimidar a la sociedad civil para que cediera a sus fines.  Que ahora muchos de esos asesinos, condenados a cientos o miles de años de cárcel puedan quedar libres tras haber cumplido una ínfima parte de su condena es una burla, un ultraje a la memoria de los fallecidos, mutilados y víctimas en general de sus fechorías.
Además, también quedarán libres otros desalmados como los violadores o asesinos múltiples.  Me vienen a la cabeza tres significativos pero habrá más.  Hijos de puta como Miguel Ricart, condenado por el rapto, violación, tortura bestial y posterior asesinato de las conocidas como las “niñas de Alcasser”; Pedro Luis Gallego, conocido como “el violador del ascensor”, raptó, violó y mató a una joven en Burgos y a otra en Viana de Cega (Valladolid); o Juan Manuel Valentín Tejero, quien durante un permiso carcelario, y quiero recalcar lo del permiso carcelario, también raptó, violó, mató de forma terrible y enterró en un pinar a la niña de 9 años Olga Sangrador en el municipio vallisoletano de Villalón de Campos, son sólo tres ejemplos de alimañas que quedarán en libertad tras la revocación de la doctrina parot, pero creo que pueden ser significativos de lo erróneo de la decisión ahora tomada y del peligro que supone.
Con todo, lo peor espero que sea la sensación de rabia que a muchos nos produce este hecho y no tengamos que lamentar cosas mayores.
Como decía antes, la mayoría sino todos de estos elementos no se han arrepentido de sus crímenes y no habría que extrañarse que una vez en la calle volvieran a las andadas, de hecho algunos terroristas y Juan Manuel Valentín Tejero ya han reincidido tras un paso por prisión, incluso este último asesinó a Olga Sangrador estando de permiso mientras cumplía condena.
¿Qué sucederá si ETA, aprovechándose de todos los terroristas liberados, se vuelve a hacer fuerte y vuelve a asesinar?, ¿y si alguno de los violadores, que ya han sido reincidentes anteriormente, vuelven a violar y asesinar a alguna niña o mujer?, ¿quién asumirá la responsabilidad sobre ello?, y sobre todo, ¿cómo le explicamos a las familias de las víctimas que alguien que debería estar entre rejas ha sido liberado en pro de sus derechos humanos?, aun más, ¿porqué coño le tenemos que conceder unos derechos a quienes no se les han respetado a los demás?.
Habrá quien me diga que la pena de prisión debe estar orientada a la reinserción y no al castigo, quien argumente que la democracia se sustenta en aplicar la ley de forma estricta a todo el mundo por igual independientemente de las atrocidades que haya cometido, pues bien, que se lo expliquen a las víctimas y sus familias, que les den razones para convencerles que los verdugos tienen unos derechos que las víctimas no tuvieron.
Se que lo guay, lo políticamente correcto sería decir que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad y que si utilizamos la cárcel como un castigo nos estamos poniendo a su altura, pues bien, me importa un rábano ser políticamente incorrecto o que se me acuse de lo que sea, pero yo aspiro a vivir en una sociedad segura, y si para ello hay que meter a algunos hijos de puta en la cárcel y tirar la llave por mí perfecto, demasiado que permitimos que sigan viviendo algunos seres que han demostrado que más que como personas se comportan como animales.