Vuelvo
a hacer confidencias al viento dedicando esta entrada a una persona con la que sólo he
podido compartir vivencias durante poco más de tres años, pero a la que nunca
podré olvidar y a quien le tengo cosas muy importantes que agradecer.
Estas líneas son mi particular y emocionado recuerdo, mi homenaje a tí, Joaquín, una persona singular, muy poco convencional, testarudo (que todo hay que decirlo), pero sobre todo una persona que debería ser ejemplo por su honestidad, su coherencia y el cariño que siempre demostró hacia su gente.
Confieso que me está siendo difícil escribir estas palabras. En sólo tres años muchos son los recuerdos que se me agolpan en la mente, clara muestra de la fuerza moral y el magnetismo que desprendías. Por otra parte, tampoco quiero caer en el elogio fácil, nunca me ha gustado porque siempre me ha parecido estúpido que porque alguien se muera pase a considerársele el ser más maravilloso e inmaculado de la Tierra, nunca he creído en ello, como tú tampoco lo hacías. A la gente hay que recordarla como era, con sus cosas buenas, sus cosas regulares y sus cosas malas, que todos las tenemos.
Como decía, muchos son los recuerdos que se agolpan en mi cabeza en estas pocas horas que han transcurrido desde tu fallecimiento. Curiosamente los que más reiteradamente me vienen a la mente son la primera y la última vez que te vi y tuve la oportunidad de hablar contigo, quizá porque los dos tienen relación con la persona que nos unía y a la que los dos queremos con locura.
Recuerdo como si fuera hoy nuestro primer encuentro en la calle Santiago, cuando todo era incipiente. Siempre te estaré agradecido por tu cercanía, por lo fácil que me lo hiciste, por tu voto de confianza hacia la decisión que había tomado tu hija, esa persona cuya sola mención te provocaba una sonrisa. Precisamente mi última imagen tuya será siempre esa, la sonrisa que esbozaste cuando me despedía la última tarde que tuve oportunidad de verte y hablar contigo, cómo a pesar de los rigores de tu enfermedad sonreíste cuando te pregunté si querías que le dijera algo de tu parte a tu chiquitina, la simple mención de tu “Yayita” te generó una sonrisa mezcla de orgullo y del amor inmenso que sentías hacia la que hoy es, junto a mis padres, la persona más importante de mi vida.
Sé que me considerabas muy conservador, que seguramente te hubiera gustado que fuera más parecido a ti. Soy consciente que nuestras miradas de presente y futuro sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir convergían pocas veces y se distanciaban en la mayoría, reconozco que siempre me pareciste demasiado utópico y que muchas veces tuve la sensación de que te faltaba poner un poco los pies en la tierra, sin embargo, como decía al principio, creo que eres todo un ejemplo porque, al contrario que mucha otra gente, tú eras honesto y coherente con tus ideales y luchabas por intentar convertirlos en realidad, hiciste todas aquellas cosas que creías que estaban en tu mano para intentar tener una sociedad mejor, o al menos el tipo de sociedad que tú considerabas que era más justa, no eras una persona sólo de discurso sino también de obra y créeme, en no pocas ocasiones lamenté tener razón y que la realidad de los hechos se impusiera a la retórica de las palabras, a la esperanza de cambio, y la dinámica de esta sociedad falsa, hipócrita y aburguesada te ganara la partida a través de la desilusión. Tengo muy claro que una sociedad con más gente como tú sería una sociedad mejor.
Ayer miraba tu sofá y el sitio en el que te sentabas y me parecía mentira no verte haciendo sudokus ni estar con el ordenador jugando al solitario, ya tampoco me podrás corregir diciendo aquello tan tuyo de “ese no es el concepto…”, pero te puedo asegurar que aunque físicamente ya no podremos disfrutar más de tu presencia, tu recuerdo siempre estará presente en mi memoria, serás un referente y si alguna vez tengo hijos, les contaré que tuve la inmensa suerte de conocer a su abuelo, un señor grandote con barba de Papá Noel y sombrero, que se granjeaba el respeto y el cariño de todos los que le conocían.
Ahora llegarán momentos duros, días de lágrimas de lamento por tu ausencia y de sonrisas recordando los buenos momentos vividos junto a tí, mañanas de añoranza y noches en vela dándole vueltas a lo injusta que es esta puta vida. Son sensaciones imposibles de evitar, aunque con el paso del tiempo nos iremos tranquilizando y el desasosiego tornará en costumbre y la fuerza del día a día nos llevará irremediablemente a seguir con nuestras vidas, como tú hubieras querido, tratando de ser lo más felices posible y celebrando los buenos momentos que lleguen con un brindis en tu memoria.
No me quiero alargar más, simplemente me quiero despedir de ti con las promesas de que querré y cuidaré de tu chiquitina lo mejor que pueda y sepa, que cada vez que visitemos esa Asturias que tanto te gustaba beberemos unos culines en tu memoria, y que si alguna vez me puedo comprar una casita allí, se llamará “Casa Joaquín” en homenaje a tí.
Querido Joaquín, como hice tantas veces, no te digo adios sino "hasta luego, ya nos vemos…".
Gracias
ResponderEliminarNo hay de qué, al contrario, el que estaré siempre en deuda con él seré yo.
EliminarUn abrazo y un beso muy fuertes ;)